mayo 10, 2024

Los Frankensteins en el cine (según Yorgos Lanthimos)

TEXTO:  SOFÍA VILLAR ///

@sofiavillarb

Hablemos de Yorgos Lanthimos, el director griego conocido por su estilo surrealista y su habilidad para crear escenas incómodas que cuestionan la realidad.

Desde «Canino», donde una familia vive en un universo alternativo de reglas absurdas, hasta «La favorita», en donde la realeza británica es un espectáculo de traiciones y humor negro, Lanthimos ha mostrado que puede sorprender y perturbar a partes iguales. Sin duda, tiene un don para hacer que no queramos despegar los ojos de la pantalla por muy incomoda que nos pueda llegar a resultar una escena. Por eso estamos deseando ver su próximo estreno «Kinds of Kindness». 

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«Poor Things». Yorgos Lanthimos (2023)

Pero hoy venimos a hablar de una reflexión que nos ha dejado su última película, «Poor Things».

En ella, reimagina el mito de Frankenstein a través de Bella Baxter, una mujer resucitada con un cerebro trasplantado que ve el mundo con una mezcla de inocencia y descontrol. Como el Frankenstein original, Bella es una criatura fuera de lo común que rompe con las normas y nos lleva a replantearnos lo que significa «ser humano».  

«Poor Things». Yorgos Lanthimos (2023)

Desde que Mary Shelley creó «Frankenstein o El moderno Prometeo» en 1816, las distintas interpretaciones de su monstruo han pululado por el cine constantemente.

Cada director, guionista y productor, se ha sentido con derecho a destripar y recomponer el cuerpo del monstruo a su antojo. Sin embargo, lo que realmente esconde esta novela es una crítica social enorme hacia los hombres que creen tener el control solo para descubrir que no es tan fácil jugar a ser Dios. 

«Frankenstein» de James Whale en 1931

La primera versión cinematográfica de la novela, «Frankenstein» de James Whale en 1931, marcó el inicio de una tradición que se burla de las limitaciones éticas de la ciencia y la humanidad.

El monstruo creado por el científico ególatra Frankenstein, tenía la mirada perdida y ningún conocimiento de moral alguna. Se preguntaba por qué todos lo odiaban por lanzar a una niña al agua. 

Sin embargo, la crítica de Mary Shelley quedó poco clara a los espectadores. Por eso, unos años más tarde, Whale creó «La Novia de Frankenstein» donde introdujo un prólogo en el que la propia Mary Shelley explicaba el significado de Frankenstein.

En esta película se introdujo una nueva crítica: el matrimonio. El grito de la Novia huyendo de aquel con la que intentaba  emparejarla, todavía resuena en nuestros días. Aunque es aterrador, por fin quedó claro el argumento de Frankenstein. El ser humano es capaz de abandonar los límites éticos de la ciencia con tal de poner remedio a uno de los mayores miedos de la humanidad: la soledad. Un tema que se vuelve a reflejar con Geppetto, creando un hijo de madera («Pinocho») o Viktor resucitando a su perro Sparky («Frankenwinnie»). 

Lo más curioso es que siempre el ser humano se coloca en una posición superior a la de su creación, que se refleja tan infantil, tan tonta y con tantas taras, que resulta hasta tierna al espectador.

Ahí está la creación queer de «The Rocky Horror Picture Show», el monstruo gracioso de «El joven Frankenstein» y el encantador y dulce «Eduardo Manostijeras». Adjetivos que históricamente se han utilizado para posicionar a alguien como más débil. Entonces, ¿quién es el verdadero monstruo?

En 2023, Yorgos nos hace plantearnos esta cuestión de una manera diferente, dado que desde su punto de vista, la sociedad ha cambiado moralmente poco desde 1816.

¿Y si la vida esta para verla desde una perspectiva más infantil y liviana?.

La ingenuidad de Bella Baxter es aterradora. No porque sea peligrosa, sino porque nos muestra lo poco que sabemos sobre el mundo. Bella está aquí para decirnos que, al final, todo es un gran experimento y que los adultos somos los verdaderos monstruos. 

«Poor Things». Yorgos Lanthimos (2023)

«Soy Bella Baxter y existe un mundo para divertirse, surcar y navegar».

Tal vez tenga razón. Quizá, lo que necesitamos es un poco de locura y dejar de intentar controlarlo todo. Porque si hay algo que hemos aprendido de todos estos monstruos de Frankenstein, es que el poder es solo una ilusión, y que a los monstruos, como al vino, solo les queda mejorar y entenderlos con el tiempo. 

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